Hace un tiempo la manera más efectiva de introducir a los jóvenes en la fantasía de un mundo mejor, de una justicia efectiva, de una gloria nacional, de la belleza, el amor, la fraternidad, la paz, eran los cuentos folclóricos, populares, anacrónicos, memorables. Enseñanzas, mensajes, estilos de vida, valores, todo se reflejaba en aquellos cuentos que se transmitían oralmente y de los que nadie podía escapar. Incluso la persona más lega había oído y conservaba en la memoria alguna de esas historias. El poder de aquellos pequeños discursos repetitivos y formulistas residía, justamente, en la imposibilidad de olvidarlos.
Hoy, la actualidad nos depara otras formas más veloces de aspirar a la paz y la felicidad. Hoy, todos tenemos la posibilidad de construir nuestro propio cuento tradicional. Hoy, nuestro mundo se actualiza al apretar una tecla, se guarda en una carpeta, se conserva en memorias virtuales; nuestras ideologías se plasman en una pantalla. Ya no hay una única princesa a la que le sucede el milagro. Cada uno de nosotros se transforma hoy en un cuento. Por eso, ya no se conserva la costumbre de la lectura. Por eso, estamos tan pendientes de nuestro contacto con el mundo global. Al masificarse el protagonista del relato tradicional, su valor se dispersa. Ya no hay héreos o antihéroes, ahora hay nicks, usernames, avatares, fakes, nadie es o existe, nadie está realmente. El cuento tradicional muere para darle paso a la falsificación de uno mismo. Ya no se alcanza la gloria a través del otro, sino a través de la autocreación, del rehacerse a uno mismo, reinventarse como protagonista de su propio relato folclórico.
Bocas de expendio
Digresiones
(21)
Escritos sobre la timidez
(3)
Palabrerío
(14)
Pecados
(2)
Relatos infundamentales
(14)
Viajes
(7)
martes
sábado
Mientras me fumaba un cigarrillo en el patio, me tocó presenciar uno de los hechos más mortificantes de mi existencia. Una mosca que sobrevolaba el techo fue succionada por una de las telarañas ancestrales que gobiernan ese rincón florido de la casa. El batir desesperado de las alitas generó un zumbido portentoso que hizo temblar las hojas del ficus.
La araña, con su espíritu maquiavélico, absorbió a la mosca hacia su cueva techada. Y no volvió a escucharse el retumbar de las alas sino que el silencio se apoderó del patio, del barrio y creo que de todo el universo. Mientras mi cigarro se consumía, comprendí la desesperación del saberse atrapado.
La araña, con su espíritu maquiavélico, absorbió a la mosca hacia su cueva techada. Y no volvió a escucharse el retumbar de las alas sino que el silencio se apoderó del patio, del barrio y creo que de todo el universo. Mientras mi cigarro se consumía, comprendí la desesperación del saberse atrapado.
viernes
Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrar nunca trabajo. Miedo al hambre, miedo a la comida. Miedo a los ladrones. Miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, a la noche sin pastillas para dormir y al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, a la soledad, a lo que fue y a lo que pudo ser. Miedo de morir, miedo de vivir.
martes
Voy a ser mamà
Una vida va a crecer de acuerdo con mis gestos, mis respuestas, mis preocupaciones, mis alegrìas. La responsabilidad que me corresponde no es sòlo saber què va a comer o dònde va a dormir, ahora cada palabra que uso, los colores que combino, mi conducta ante las situaciones, si me como las uñas, si me rìo de mis errores, si peleo, si grito, si compito, si sè relajarme. Todo va a formar parte de la educaciòn que le brinde.
No deberìa preocuparme tanto y disfrutar de mi embarazo. Pero sè que tengo de què preocuparme.
No deberìa preocuparme tanto y disfrutar de mi embarazo. Pero sè que tengo de què preocuparme.
miércoles
domingo
Estoy acá pero tan triste que ni ganas de escribir algo
Estoy en el campo. En un pueblo paisano de bombacha, rastra y facón, en un pueblo que carga el peso de toda una historia nacional. Dulcemente, me envuelve el silencio de una siesta religiosa.
Pero. Estoy en el campo, con un grupo de estudiantes de un colegio bilingue (léase la diéresis, por favor) cuya profesora de Lengua tuvo la irracional idea de hacerles leer "Don Second Shadow".
El micro gira y gira (hasta las náuseas), alrededor de la plaza principal, recorriendo los museos que celebran la patria que, para algunos pocos estúpidos, tuvo, además del pueblo original, la semilla bárbara del gaucho de trabajos pesados, de piel curtida, de dedos anchos, de sombrero calado y frente ancha, de sabiduría natural y autodidacta. La presencia del prototipo gauchesco parado en una esquina pintoresca genera una conmoción "¿Guarisdat?". Es un argentino.
Cruzamos el río (que en nuestra obra Fabio Cáceres cruzó) hasta La Blanqueada, la pulpería de la novela. Se desmenuza en vitrinas el último grito de la moda gauchesca y se exponen los enseres necesarios para la labor cotidiana del hombre de campo: la cincha, las espuelas, el recado, las sogas, el mate.
Todo ante la mirada abúlica de los alumnos que me atosigan con preguntas: "Cuando nos vamos" "Falta mucho".
Y me vuelvo, che, escuchando en el micro "Si no hay triki triki...".
Pero. Estoy en el campo, con un grupo de estudiantes de un colegio bilingue (léase la diéresis, por favor) cuya profesora de Lengua tuvo la irracional idea de hacerles leer "Don Second Shadow".
El micro gira y gira (hasta las náuseas), alrededor de la plaza principal, recorriendo los museos que celebran la patria que, para algunos pocos estúpidos, tuvo, además del pueblo original, la semilla bárbara del gaucho de trabajos pesados, de piel curtida, de dedos anchos, de sombrero calado y frente ancha, de sabiduría natural y autodidacta. La presencia del prototipo gauchesco parado en una esquina pintoresca genera una conmoción "¿Guarisdat?". Es un argentino.
Cruzamos el río (que en nuestra obra Fabio Cáceres cruzó) hasta La Blanqueada, la pulpería de la novela. Se desmenuza en vitrinas el último grito de la moda gauchesca y se exponen los enseres necesarios para la labor cotidiana del hombre de campo: la cincha, las espuelas, el recado, las sogas, el mate.
Todo ante la mirada abúlica de los alumnos que me atosigan con preguntas: "Cuando nos vamos" "Falta mucho".
Y me vuelvo, che, escuchando en el micro "Si no hay triki triki...".
sábado
respuesta a ANA
siento que hay espacios vacíos que nada llena. insastifacción persistente. y agobio de una vida que nunca nos da lo que queremos en el momento justo, porque nunca estamos seguros de aquello que queremos. por ignorancia, por soñadores, por estúpidos. quizás ni nos damos cuenta de que lo que llego es lo que queremos. y queremos otra cosa. o nos damos cuenta de que queríamos aquello que pasó sin gloria y con pena.
Yo viví medrosa de la otredad, no sabía que todos residían en mí
Hay tanta desgracia. Convivimos con la tristeza en los lugares más insólitos, incluso admirando un paisaje podemos encontrar cierta desazón. Tenemos infinidad de sueños y, a algunos de nosotros, sólo se nos dan dos.
Nuestra autoestima sube y baja, se empina y cae como ave cazadora. Y así vamos boyando alrededor de alguna esperanza que nace con pocas chances de realizarse.
Pero. Hay otros momentos, quizás imperceptibles para el ojo poco obervador, en los que se nos manifiesta algo indeterminado pero que nos llena de gozo. Se calma el galope del corazón, se equilibra el curso de la sangre y uno encuentra algo así como su centro, como un lugar de firmeza y de seguridad.
Un amanecer, un ocaso, un hornero, una flor, una nube, una sonrisa, una cervez fría, momentos solitarios en los que uno se encuentra con todo. O, en otras ocasiones, compañías silenciosas que comparten nuestro disfrute y acarician la misma sensación.
La felicidad no puede ser otra cosa, no puede ser más que conocer la posibilidad de regocijarse en ese instante. Y esos instantes están ahí cerquita nomás.
Nuestra autoestima sube y baja, se empina y cae como ave cazadora. Y así vamos boyando alrededor de alguna esperanza que nace con pocas chances de realizarse.
Pero. Hay otros momentos, quizás imperceptibles para el ojo poco obervador, en los que se nos manifiesta algo indeterminado pero que nos llena de gozo. Se calma el galope del corazón, se equilibra el curso de la sangre y uno encuentra algo así como su centro, como un lugar de firmeza y de seguridad.
Un amanecer, un ocaso, un hornero, una flor, una nube, una sonrisa, una cervez fría, momentos solitarios en los que uno se encuentra con todo. O, en otras ocasiones, compañías silenciosas que comparten nuestro disfrute y acarician la misma sensación.
La felicidad no puede ser otra cosa, no puede ser más que conocer la posibilidad de regocijarse en ese instante. Y esos instantes están ahí cerquita nomás.
miércoles
Escatologismo
Algunas veces siento que me pegaron tal patada en el culo que no puedo sentarme sin sentir el zapato.
Voy haciendo fuerza, para ver si lo expulso, y lo que logro es tan etéreo como un fluido.
Quedo tan constreñida por la indignación que toda la vida tengo que aguantar las ganas de cagarme en todo y mandar todo a la mierda.
Y me pregunto de dónde vino. Quién fue. Por qué.
Voy haciendo fuerza, para ver si lo expulso, y lo que logro es tan etéreo como un fluido.
Quedo tan constreñida por la indignación que toda la vida tengo que aguantar las ganas de cagarme en todo y mandar todo a la mierda.
Y me pregunto de dónde vino. Quién fue. Por qué.
viernes
Ser Romàntico
El culto a la noche, a la luz de la luna, a las personas de vida licenciosa, a la tristeza, a la melancolìa. El aborrecimiento al progreso, a la pèrdida de todo aquello que amò en su juventud, la añoranza, en definitiva, de todo lo pasado.
Como todo romàntico, debe vivir lo que dice. Por eso los ataques de tristeza, de odio hacia el mundo moderno que no comprende, hacia la vida injusta que lo pariò. Por eso, las enfermedades, la falta de confianza, la alabanza desmedida de valores caducos para la sociedad actual.
Como buen romàntico, un artista problemàtico, un artista talentoso que pone en duda sus cualidades. Un artista capaz de descifrar algunos misterios, pero incapaz de objetivarlos. Un actor de la vida. Un artista que no puede separar el arte de la vida misma.
Romàntico, triste, sin finales felices nunca.
Romàntico, amante hasta el dolor, incomprendido, amado. Difìcil como un bebè que llora sin que podamos saber por què.
Romàntico, hermoso, admirado, grotesco.
Lord Byron y el Jorobado, Frankestein y Don Juan Tenorio. Exòtico, aventurero, valiente, medroso. Sensible, sentimental, un anacoreta siempre rodeado de gente.
Imperfecto pero humanamente perfecto.
Un inspirado, denunciante de la opresiòn, de la injusticia, de la falta de libertad, tres conceptos que èl sufre.
El amor es tragedia, excluye toda norma, porque es pasiòn. Todo es pasiòn para su espìritu original.
Un misàntropo irracional pero mucho màs razonable que la banalidad social. Mucho màs lògico que la alegrìa superficial y pobre.
Con la necesidad imperiosa de alejarse, de perderse, para volver con un arrepentimiento cuasi catòlico.
Con la necesidad de llenar de fantasìas la vida, porque la realidad siempre es fùnebre, siempre es insatisfactoria.
El destino lo construye y lo destruye. El destino, ya prefijado, lo condena al fracaso (me atrevo a decir, con grandes posibilidades de equivocarme, que disfruta haciendo ruido con su destino cruel, la condena lo justifica en cierta medida). El destino crea su vida y la carcome.
Pero, ¿còmo concebir a un artista feliz, conforme, tranquilo? ¿Còmo aceptar la tibieza de un artista que no sufre?
Como romàntico, el arte surge de la pasiòn y las mayor de todas es el dolor. Insondable dolor del hombre que nace muerto, del ser que sòlo puede vivir una ùnica y acotada vida.
Rebelde pero arraigado, confiado pero inseguro, desconcertante pero predecible. Una combinaciòn caòtica de la alegrìa disipada y de la tristeza màs contumaz. Una mezcla nefasta por la falta de precisiòn en su medida. Pero es romàntico y sòlo puede vivir en los extremos.
Sencillo, natural pero rebuscado. Libre pero anclado en una psiquis inmanejable.
En definitiva, abismal como el mar, profundo como la noche, càlido como sol de mediodìa, triste y lejano como la medianoche.
Como todo romàntico, debe vivir lo que dice. Por eso los ataques de tristeza, de odio hacia el mundo moderno que no comprende, hacia la vida injusta que lo pariò. Por eso, las enfermedades, la falta de confianza, la alabanza desmedida de valores caducos para la sociedad actual.
Como buen romàntico, un artista problemàtico, un artista talentoso que pone en duda sus cualidades. Un artista capaz de descifrar algunos misterios, pero incapaz de objetivarlos. Un actor de la vida. Un artista que no puede separar el arte de la vida misma.
Romàntico, triste, sin finales felices nunca.
Romàntico, amante hasta el dolor, incomprendido, amado. Difìcil como un bebè que llora sin que podamos saber por què.
Romàntico, hermoso, admirado, grotesco.
Lord Byron y el Jorobado, Frankestein y Don Juan Tenorio. Exòtico, aventurero, valiente, medroso. Sensible, sentimental, un anacoreta siempre rodeado de gente.
Imperfecto pero humanamente perfecto.
Un inspirado, denunciante de la opresiòn, de la injusticia, de la falta de libertad, tres conceptos que èl sufre.
El amor es tragedia, excluye toda norma, porque es pasiòn. Todo es pasiòn para su espìritu original.
Un misàntropo irracional pero mucho màs razonable que la banalidad social. Mucho màs lògico que la alegrìa superficial y pobre.
Con la necesidad imperiosa de alejarse, de perderse, para volver con un arrepentimiento cuasi catòlico.
Con la necesidad de llenar de fantasìas la vida, porque la realidad siempre es fùnebre, siempre es insatisfactoria.
El destino lo construye y lo destruye. El destino, ya prefijado, lo condena al fracaso (me atrevo a decir, con grandes posibilidades de equivocarme, que disfruta haciendo ruido con su destino cruel, la condena lo justifica en cierta medida). El destino crea su vida y la carcome.
Pero, ¿còmo concebir a un artista feliz, conforme, tranquilo? ¿Còmo aceptar la tibieza de un artista que no sufre?
Como romàntico, el arte surge de la pasiòn y las mayor de todas es el dolor. Insondable dolor del hombre que nace muerto, del ser que sòlo puede vivir una ùnica y acotada vida.
Rebelde pero arraigado, confiado pero inseguro, desconcertante pero predecible. Una combinaciòn caòtica de la alegrìa disipada y de la tristeza màs contumaz. Una mezcla nefasta por la falta de precisiòn en su medida. Pero es romàntico y sòlo puede vivir en los extremos.
Sencillo, natural pero rebuscado. Libre pero anclado en una psiquis inmanejable.
En definitiva, abismal como el mar, profundo como la noche, càlido como sol de mediodìa, triste y lejano como la medianoche.
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