Fui hecha con pedazos de mujeres pretéritas. Me legaron dos ojos tristes, perdidos. Los labios finos, condenados al silencio. La intuición, el espíritu sensible y la facilidad para el llanto.
Me dieron armas para defenderme pero no me enseñaron al enemigo. Me entregaron dolor y cierto masoquismo para soportar un suplicio todos los meses y la aciaga ilusión de un vientre fértil.
Me dieron el vuelo pero se olvidaron las alas. Y recibí, a cambio, este cuerpo tosco y adverso.
Me concedieron manos. Pero no talento para crear con ellas, de la nada, sueños.
Me dejaron en el mundo, rodeada de belleza, y un terror infinito para que no la vea.
Las mujeres que me antecedieron depositaron en mí sus anhelos.
Y crearon un monstruo cobarde, desgraciado y funesto.
Bocas de expendio
Digresiones
(21)
Escritos sobre la timidez
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Palabrerío
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Relatos infundamentales
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Viajes
(7)
miércoles
lunes
Bipoema
21/01/2008
En connivencia con el amor, dos almas jugaron, sin verse, a ser Jean Paul y Simone o Tristán e Isolda. ¿Cuál es cuál?
Sin título (aún, no logran un acuerdo porque se trata más que nada de una lucha de egos eterna)
Agua en gotas se confunden con el mar
en este paraje remoto e insondable;
papas fritas en mi boca evocan la sal;
rostros de amargas decepciones,
sobre una terraza con vista al mar;
imágenes del pasado, botellas, humo, voces.
¡No me condiciones!
La vaga sensación de que soy igual pero estoy tan lejos.
¿Qué se esconde detrás de tú?
Y yo... me tomaría otra cerveza.
Y, sin embargo, sigo sin poder salir.
Y vivo dentro de un vaso frío, con mi cigarro.
¿Cuál es tu tumba, tu tumba?
Así soy, sueños y cara de culo.
En connivencia con el amor, dos almas jugaron, sin verse, a ser Jean Paul y Simone o Tristán e Isolda. ¿Cuál es cuál?
Sin título (aún, no logran un acuerdo porque se trata más que nada de una lucha de egos eterna)
Agua en gotas se confunden con el mar
en este paraje remoto e insondable;
papas fritas en mi boca evocan la sal;
rostros de amargas decepciones,
sobre una terraza con vista al mar;
imágenes del pasado, botellas, humo, voces.
¡No me condiciones!
La vaga sensación de que soy igual pero estoy tan lejos.
¿Qué se esconde detrás de tú?
Y yo... me tomaría otra cerveza.
Y, sin embargo, sigo sin poder salir.
Y vivo dentro de un vaso frío, con mi cigarro.
¿Cuál es tu tumba, tu tumba?
Así soy, sueños y cara de culo.
jueves
martes
Muerte (no es una adivinanza)
Los hombres me temen; suelo ser funesta.
Algunos me buscan y todos me encuentran.
¡Soñador despierto, rehúyes a la vida!
Una noche de insomnio pasaré a tu lado,
posaré en tus mejillas
mis frías manos.
Creerás que fue el viento
o un sueño velado.
Me llevaré tu pena,
beberé de tus labios los acordes de un dolor mundano.
Habrás olvidado.
Algunos me buscan y todos me encuentran.
¡Soñador despierto, rehúyes a la vida!
Una noche de insomnio pasaré a tu lado,
posaré en tus mejillas
mis frías manos.
Creerás que fue el viento
o un sueño velado.
Me llevaré tu pena,
beberé de tus labios los acordes de un dolor mundano.
Habrás olvidado.
RÓTULOS
Palabrerío
miércoles
Grito.
Quiero gritarle a la noche,
que se rompa su silencio
porque presiento
que tengo aún el alma enferma.
Y la noche, con su salva
de estrellas que me juzgan
distantes y frías,
recrudecen mi tormento.
Quiero oír alguna voz
que devuelva mi grito
para no sentir la soledad
tan despiadada e injusta
carcomiendo mi ánimo
en la noche gélida y oscura.
que se rompa su silencio
porque presiento
que tengo aún el alma enferma.
Y la noche, con su salva
de estrellas que me juzgan
distantes y frías,
recrudecen mi tormento.
Quiero oír alguna voz
que devuelva mi grito
para no sentir la soledad
tan despiadada e injusta
carcomiendo mi ánimo
en la noche gélida y oscura.
RÓTULOS
Palabrerío
domingo
A resguardo, entre tus brazos.
Mi cuerpo se extravía, ebrio,
preso de una turbación inexplicable.
Deseo definirlo, pero no bastan las palabras.
Entonces, rendida, me abandono
a mi pena sin esperanzas
y busco el gozo primitivo
de sentirte dominando mis venas.
Acuno mi dolor entre tus brazos,
como un ángel torturado que agoniza.
Al sentirme cerca tuyo, retirada
de esta tierra incierta y turbia,
mi fuerza se reaviva.
Y ya sin temor entrego mi mirada
a la delicadeza de tus ojos.
¡Qué insólita y fascinante delicia
sentirse acariciada por tus manos!
No sé adónde voy, ni lo que hago
y me olvido de todo admirándote.
preso de una turbación inexplicable.
Deseo definirlo, pero no bastan las palabras.
Entonces, rendida, me abandono
a mi pena sin esperanzas
y busco el gozo primitivo
de sentirte dominando mis venas.
Acuno mi dolor entre tus brazos,
como un ángel torturado que agoniza.
Al sentirme cerca tuyo, retirada
de esta tierra incierta y turbia,
mi fuerza se reaviva.
Y ya sin temor entrego mi mirada
a la delicadeza de tus ojos.
¡Qué insólita y fascinante delicia
sentirse acariciada por tus manos!
No sé adónde voy, ni lo que hago
y me olvido de todo admirándote.
RÓTULOS
Palabrerío
jueves
A Horace Fernández (fallecido en noviembre de 2007)
Los monstruos que te circundan, débiles, apestados, que no tuvieron miedo de vivir, te temen.
Sospechan su propia ruina en tus pómulos prominentes y tu cuerpo esmirriado.
La hemoglobina desteñida y la sangre de los reyes te pintan la cara.
Es la peste que carga el arma de la muerte.
Es el último período de tu vida humana, tu vejez de juventud vulnerada.
Fue el amor desmedido, el azúcar de felices bacanales.
Hoy es rictus lo que ayer satisfecha risotada-
Adiós, Horace, volveré mañana
a contemplar el lóbrego islote en el que habitas,
a descubrir en tus pupilas un tímido relámpago,
a engatusar tu miedo con inmundos engaños
a persuadirme de que son útiles mi presencia y mis manos.
Sospechan su propia ruina en tus pómulos prominentes y tu cuerpo esmirriado.
La hemoglobina desteñida y la sangre de los reyes te pintan la cara.
Es la peste que carga el arma de la muerte.
Es el último período de tu vida humana, tu vejez de juventud vulnerada.
Fue el amor desmedido, el azúcar de felices bacanales.
Hoy es rictus lo que ayer satisfecha risotada-
Adiós, Horace, volveré mañana
a contemplar el lóbrego islote en el que habitas,
a descubrir en tus pupilas un tímido relámpago,
a engatusar tu miedo con inmundos engaños
a persuadirme de que son útiles mi presencia y mis manos.
lunes
La paliza
Silvia se apoyó sobre el hombro de su padre y comenzó a llorar. El padre, magnánimo, principesco, le daba golpecitos en la cabeza, fuertes pero consoladores.
Silvia no podía hablar. Le temblaban las manos y le lloraba la nariz. Enjugaba los mocos y sus ojos parecían recordar. Así, recomenzaban sus guturales sonidos, máxima expresión de su pesar.
La madre de Silvia observaba la escena con la cara mortificada. "¿Qué estará tramando ésta ahora?", pensaba.
Silvia dejó su aureola en la camisa del padre y subió a su cuarto. Se encontraba atenazada por la duda. ¿Habría surtido efecto su actuación? ¿La importunarían ahora con preguntas que no sabría cómo responder? Tendría que inventar algo rápido y creíble para sortear el interrogatorio.
Abajo, la madre había retomado sus tareas, resentida contra el padre permisivo que no había reprimido el espíritu libertino de la hija. Pero él, compañero, amigable, se le acercó. Ella, acostumbrada a obedecer por alojamiento y comida, le preguntó si quería llevarle algo para comer.
"No me jodás", contestó, "vamos a la cocina a ver el partido".
Silvia no podía hablar. Le temblaban las manos y le lloraba la nariz. Enjugaba los mocos y sus ojos parecían recordar. Así, recomenzaban sus guturales sonidos, máxima expresión de su pesar.
La madre de Silvia observaba la escena con la cara mortificada. "¿Qué estará tramando ésta ahora?", pensaba.
Silvia dejó su aureola en la camisa del padre y subió a su cuarto. Se encontraba atenazada por la duda. ¿Habría surtido efecto su actuación? ¿La importunarían ahora con preguntas que no sabría cómo responder? Tendría que inventar algo rápido y creíble para sortear el interrogatorio.
Abajo, la madre había retomado sus tareas, resentida contra el padre permisivo que no había reprimido el espíritu libertino de la hija. Pero él, compañero, amigable, se le acercó. Ella, acostumbrada a obedecer por alojamiento y comida, le preguntó si quería llevarle algo para comer.
"No me jodás", contestó, "vamos a la cocina a ver el partido".
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